DAREDEVIL: LA SONRISA DEL DIABLO




Con los flamantes premios Eisner conseguidos este fin de semana bajo el brazo, nos llega el nuevo volumen de las aventuras de El Hombre sin Miedo, Daredevil, bajo la batuta deMark Waid (Ka-Zar, Los Cuatro Fantásticos, Flash) y los lápices de Marcos Martín (Doctor Extraño, Spiderman) y Paolo Rivera (Spiderman, Mythos), los artífices de la mejor serie regular que publica actualmente Marvel (con el permiso de Jason Aaron y sus gamberradas mutantes de Lobezno y la Patrulla-X).

Pasado el mal trago que supuso para el personaje y su entorno la saga Tierra de Sombras, un lógico y un tanto irregular final para la etapa iniciada por Bendis en Marvel Knights, se antojaba necesario un cambio, más o menos radical, en la vida y aventuras deMatt Murdock, fuera tanto sufrimiento (dentro de lo admisible, ya que forma parte del personaje) y género negro, para dar paso a la alegría y a la luz.

Si tomamos como referencia la historia escrita por Kevin Smith para dar inicio al selloMarvel Knights, además del habitual estilo desenfadado que procesan casi todos los guiones de Mark Waid, podemos hacernos una somera idea de por donde irán los derroteros en la nueva vida del cuernecitos de la Cocina del Infierno.

Replantada su posición en el mundo, tanto en el real cómo en el superheroico, Matt Murdock decide regresar a Nueva York, retomar su papel de abogado con su inseparableFoggy Nelson, e intentar convencer a todo el mundo que él no es Daredevil sino un abogado ciego que trata de ayudar a sus clientes.

Y tratando de ayudar a uno de sus clientes, termina encontrándose de bruces con un objeto, codiciado por todas las organizaciones criminales del universo Marvel, convirtiendo aDaredevil, no solo en el hombre más peligroso de la tierra, sino en el más buscado.

Mark Waid en estos seis primeros números, asienta las bases de lo que será su (divertida) etapa al frente de la cabecera, introduciendo con suma facilidad nuevos personajes que amplíen y ayuden a evolucionar la relación entre Matt y Foggy, este último preocupado por su amigo, al cual no cree del todo recuperado de su caída a los infiernos, temiendo que su frágil psique termine en locura.

Que se haya dejado de lado ese halo de oscuridad en la serie, no quiere decir que haya desaparecido del todo, ya que está ahí, forma parte de la iconografía del personaje y de su vida, pero con los acertados guiones de Waid, parece que ya no está ahí.

Pero el éxito de esta nueva serie recae en sus dos artistas gráficos, nuestro compatriotaMarcos Martín y en Paolo Rivera, que amplifican sus composiciones dinámicas vistas en la serie regular de Spiderman, para explotar en Daredevil. Teniendo como referencia el trabajo de David Mazzucchelli y el omnipresente Frank Miller, ambos artistas hacen suyos este nuevo universo de DD, con un lenguaje propio, espectacular y narrativo, de este modo poder plasmar tanto las cabriolas de DD cómo su manera de ver el mundo a través de su sentido de radar.

Muchas son las virtudes, y muy pocos los defectos, que nos encontramos en esta nueva serie de Daredevil, con un equipo creativo de alto nivel, a pesar de la espantada de sus dos principales baluartes gráficos, bien suplida por Chris Samnee, que tiene claro a donde ir, y sobre todo cómo. Y que dure.

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