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La relevancia de Miracleman

Comienza la edición definitiva de uno de los comic-books más importantes de las últimas décadas

 
Miracleman 1Las páginas que se continenen en el primer volumen de Miracleman conforman uno de los pasajes más importantes, y al mismo tiempo desconocidos, de la historia del cómic contemporáneo.
Empecemos por su historia. Y hagámoslo en orden, para comprender mejor el contexto en el que se creó Miracleman, un nombre del que algunos de los aficionados más jóvenes nunca habrán oído hablar, pero que para aquellos que ya tuvimos ocasión de leer sus historias hace casi tres décadas, resulta una de las obras imprescindibles y fundamentales para comprender el momento preciso en el que cambiaron para siempre los comic-books de superhéroes.

Pero, ¿quién es Miracleman?

Es un personaje del cómic británico surgido en los años 50 de la imaginación de Mick Anglo. Cierto, se trata de un autor prácticamente desconocido fuera del mercado del cómic inglés; pero en él tuvo un peso importante durante los años 40 y 60 del siglo pasado puesto que su rúbrica apareció en muchas de las publicaciones infantiles y juveniles que se editaron durante esas dos décadas. Y de todas sus creaciones, la más relevante fue Marvelman, un personaje que “heredaba” el hueco dejado por la cancelación de la serie regular de uno de los héroes más peculiares que había viajado desde las imprentas de Estados Unidos hasta las de Gran Bretaña. El estreno de las aventuras de Michael Moran en su propia serie (nótese la doble “m” del nombre del personaje y del nombre de su identidad “civil”, algo muy usual en los héroes del cómic desde su mismo origen: Clark Kent, Lois Lane, Peter Parker, Reed Richards…) se produjo el 3 de Febrero de 1954, poco más de 60 años antes de esta edición.

Miracleman 1Entre el personaje inglés y el original americano había, sin embargo, algunas diferencias significativas; al fin y al cabo, no eran el mismo superhéroe. La palabra con la que ambos realizan su transformación mágica cambia, convirtiéndose aquí en Kimota! (atomic escrito al revés, pero sustituyendo la C por la K, para mantener el mismo sonido en el idioma original); la capa que prácticamente era un signo distintivo de todo superhéroe desaparecía en su versión británica, y el cuerpo del personaje se hacía sutilmente más estilizado. Este nuevo-viejo héroe tuvo una vida realmente extensa, ya que la serie original se publicó durante 346 números, y llegó a tener dos cabeceras de acompañamiento: Young Marvelman, con los mismos números y, también, con una vigencia en las tiendas inglesas de más de diez años, y Marvelman Family, del que se distribuyeron 36 números. Fue aquí donde apareció por primera vez Kid Marvelman, un personaje que resultará fundamental en la historia que contiene este volumen.
Pero si hay un mercado cambiante en el mundo de la cultura, ese es el del cómic. Y durante la primera mitad de los años 60 el comic-book dio un salto hacia adelante con el nacimiento del Universo Marvel en las páginas de Fantastic Four #1, lo que llevó a una serie de decisiones editoriales que impulsaban a los héroes antiguos a renovarse o morir en el olvido. Eso es lo que le sucedió al personaje de Anglo.

Dos décadas después… Marvelman volvía a nacer.

Lo hizo en las páginas de la innovadora revista Warrior, en cuyo primer número –publicado en Febrero de 1982– aparecía una historia de tan sólo 8 páginas en las que recuperaba la esencia de aquél héroe mágico. Lo hacía transformado en nombre, ya que a partir de ese momento se le conocería por Miracleman, y en su carácter; pero sobre todo, en su actitud vital.

Miracleman 1El contexto socio-político y comunicativo es importante para comprender los cambios en la Historia del Cómic. El de Gran Bretaña, pero también el de Estados Unidos, durante los años 80 lo fue. Y mucho. En ambos países se estaba pasando por una etapa de conservadurismo extremo, con numerosos conflictos sociales y un malestar general que se gritaba desde las portadas de los periódicos independientes, pero que sin embargo no se trasladaba a las urnas, ya que tanto Margaret Thatcher en Gran Bretaña como Ronald Reagan en Estados Unidos renovaron sus mandatos. Mientras que el mundo de la cultura aún estaba en plena transformación, con nuevas tendencias que rompían con lo establecido como prácticamente no había sucedido en ningún otro momento del siglo (el punk aún seguía teniendo fuerza, y no sólo en la música; el vídeo se extendía entre los usuarios domésticos y se convertía en una explosiva herramienta de expresión artística; los ordenadores empezaban a reducir su tamaño, su precio, y a convertirse en máquinas accesibles al usuario “normal”), el mundo de la narrativa dibujada no se quedaba atrás con aportaciones como las que se veían en Miracleman, que supusieron para el comic-book de superhéroes el comienzo de una nueva forma de narrar.
La fuerza de las ideas que aportaba el guionista original encargado de la recuperación del personaje de Anglo, sólo es comparable a otras de las obras que editó a partir de esos mismos años en el Reino Unido, que hemos conocido en el resto del mundo a través de su edición americana y que, no tan curiosamente, también comenzaron su vida editorial de manera seriada en las revistas inglesas de los 80. Y, como en estas obras seminales, la manera en la que se cuenta el relato puede llegar a ser más importante que la historia en sí. El uso de los recursos narrativos del medio que siempre habían estado a disposición de los autores, pero que nunca se habían planteado usar de una manera original y transgresora en un género que pecaba de un manierismo y un conservadurismo exacerbados, transforma lo que podría haber sido la mera recuperación de un viejo héroe en una revisión del mismo modo de discurso; las elipsis, las metáforas, los flash-backs, el uso imaginativo y casi radical de la composición de página que pasa a ser un elemento significativo más, el detalle con el que se exhibe la tragedia, el realismo con el que se muestra lo fantástico y lo mágico… se combinan con un relato en el que se deconstruye el concepto de superhéroe, dotándole de una trascendencia filosófica desconocida hasta ahora, y que sigue impregnando el género hasta nuestros días.

Miracleman 1Unos guiones maravillosos que se apoyan en unos dibujantes tocados por la gracia de los dioses de la ilustración. Garry Leach, el primero de los autores que participa en Miracleman, quien además compagina su tarea en la serie con el puesto de director artístico de Warrior. La minuciosidad, pulcritud, serenidad y precisión de su dibujo son superlativos, y el esfuerzo inmenso que le supone cada página hace que de manera temprana deba buscar a otros dibujantes que se encarguen de paliar sus retrasos. Dos jóvenes dibujantes toman la vez, y hacen de esta obra un trampolín hacia el mercado internacional: Alan Davis, quien ya había colaborado con el mismo guionista en la creación de Capitán Britania, y Steve Dillon, en una de sus primeros encargos profesionales. Su participación se produce en unos complejos fill-in(episodios de relleno en la jerga del mundo del cómic), que son mucho más que un paréntesis en medio de la frase que es la gran historia que se está contando.
Al resultado de esta prodigiosa combinación de genio individual se une el recoloreado llevado a cabo por uno de los autores más importantes del mercado estadounidense de las últimas décadas, Steve Oliff. La recuperación digital de las planchas originales, utilizando para ello la mejor tecnología disponible hoy en día en el mercado, convierte esta edición en un no tan pequeño hito.

Pese a que haya permanecido en la oscuridad editorial durante dos décadas, Miracleman es uno de los grandes pilares sobre los que se fundamenta el comic-book de hoy en día. Compruébalo por ti mismo.
Celes J. López

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