1985
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De forma prácticamente paralela a Civil War, la serie limitada que lo elevaría definitivamente al Olimpo de los grandes del mundo del cómic, Millar comenzó a darle vueltas a un proyecto muy personal donde conectaría dos dimensiones completamente distintas. Una de ellas sería muy parecida a nuestra realidad, mientras que la otra debía ser el propio Universo Marvel. Otro aspecto esencial es que la acción tendría lugar en el pasado, nada menos que en 1985.
La elección de ese año en concreto no fue algo arbitrario, sino producto de un planteamiento relativamente autobiográfico. Para este guionista, 1985 fue un año clave en la historia de Marvel Comics y también para él. En aquel entonces contaba con quince años de edad y lo vivió muy intensamente. A nivel creativo, los cómics estaban siendo realizados por autores de la talla de John Byrne (Fantastic Four), Walter Simonson (The Mighty Thor) e incluso Frank Miller, quien volvió a Daredevil en calidad de guionista para realizar, junto con David Mazzuchelli, el Born Again del Hombre Sin Miedo
La previsión era que 1985 fuese una serie limitada de seis números que debía ser publicada en el año 2005; es decir, en el 20 Aniversario de los acontecimientos narrados. Sin embargo, diversas circunstancias relacionadas con la producción de la obra retardaron su aparición. Una de ellas fue la puesta en escena. La idea de Millar era que la parte desarrollada en el “mundo real” se plasmara mediante una fotonovela. El planteamiento era novedoso e interesante, pero rápidamente se puso de manifiesto que resultaría inviable. Al fotografiar a personas, todo funcionaba, pero cuando se trataba de hacer lo mismo con supervillanos o superhéroes, la situación era radicalmente distinta. En definitiva, no parecían versiones reales de personajes de cómic, sino gente vestida con trajes. El hecho de no contar con el elevado presupuesto de una película de Hollywood hacía que este planteamiento tuviera que ser desestimado.
Teniendo en cuenta el planteamiento de la obra que nos ocupa, resultaba ciertamente evidente que el realismo o, mejor dicho, la verosimilitud, debía ser una de las características clave de la obra. Y así es. Sin embargo, es necesario tener en cuenta que lo importante es la esencia de lo que se explica. Dicho de otra forma, es más importante el fondo que la forma. No hay que olvidar, en ningún momento, que se trata de un mundo imaginado por Mark Millar, basado en sus experiencias de la adolescencia. Por tanto, los hechos no siempre encajan con exactitud milimétrica con la realidad real de 1985.
La historia narrada en 1985 tiene su punto de partida en el preciso momento en que Toby está leyendo con fruición las páginas de Secret Wars #10 USA en una tienda situada en un población del Medio Oeste de Estados Unidos. Por lo dicho en estas primeras viñetas, el cómic no hace mucho tiempo que ha salido al mercado.
Algo parecido ocurre con las referencias a Secret Wars. Inicialmente parece ser el catalizador de la narración gráfica. El propio autor comentó que 1985 era una especie de secuela sui generis de las primeras guerras secretas. Sin embargo, este planteamiento va cambiando a medida que se van sucediendo las situaciones vividas por Toby y su padre. Una vez más queda claro que la referencia a Secret Wars es tan sólo un punto de partida, necesario para mostrarnos como un chaval de trece años vivía el mundo del cómic en 1985. Desde este punto de vista, resulta evidente que Millar acierta de pleno, ya que las guerras secretas fueron muy importantes para muchos de aquellos jóvenes lectores que pocos años antes habían descubierto el Universo Marvel, al tiempo que fue un proyecto algo “polémico” para los aficionados más veteranos.
En cambio, nuestro guionista acierta de pleno cuando retrata al elitista-fanático que muestra su animadversión más absoluta hacia aquello que detesta. En este caso, los cómics Marvel. En su camiseta se puede ver la cabecera de Cerebus, ya que su creador, Dave Sim, no solía ser un gran simpatizante de La Casa de las Ideas y sus editores. Recuerdo que incluso llegó a acusar públicamente a Jim Shooter de haber provocado la muerte de un dibujante, Gene Day. Por otra parte, Gary Groth no era mucho mejor. Su revista, Comics Journal, se convirtió en la plataforma desde la cual se atacaba sin piedad todo lo relacionado con los superhéroes, mientras se ensalzaba con obsesivo entusiasmo aquellos cómics que leían “cuatro iluminados”. Por cierto, la plataforma anti-Marvel que padecimos en España tuvo su mayor exponente en una revista de cómics llamada 1984. La ironía es brutal.
1985 es, además, un relato gráfico excelente para comprender mejor la idiosincrasia del cosmos de ficción de La Casa de las Ideas. El método utilizado es la comparación directa. Nada como equiparar el Universo Marvel con una realidad que parece la nuestra, para entender con rapidez el equilibrio de fuerzas que existe en el primero. Para conseguirlo… nadie mejor que un guionista con un nombre que parece sacado de un cómic escrito por Stan Lee. Excelsior!
Raimundo Fonseca
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