
2003
fue un año en el que grandes proyectos que habían comenzado algún
tiempo atrás llegaron a su final. En cines, concluyeron trilogías tan
importantes como las de
Terminator,
Matrix y
El señor de los anillos.
En lo que a Marvel respecta, se puede dar por terminada la época de
experimentación con la que había arrancado el siglo. Asentadas sus
grandes franquicias fílmicas (
Spider-Man y
X-Men), los
acuerdos que estaban cristalizando con algunas productoras dieron lugar
al salto de personajes menos populares, como Hulk o Daredevil. Todavía
faltaba un tiempo para que Bill Jemas, el presidente de la editorial,
que había erigido el riesgo por bandera, abandonara Marvel, pero lo
cierto es que su influencia ya estaba en caída libre, mientras que Avi
Arad, en lo más alto de la cadena alimenticia de La Casa de las Ideas,
buscaba una fórmula para llevar a cabo el recambio de la forma más
discreta posible.
Los movimientos alrededor del Universo Ultimate ejemplifican este cambio
de época. Había sido el proyecto más ambicioso de Jemas y aquél que
había ofrecido mejores resultados a Marvel, pero lo cierto es que, una
vez asentada la línea, en la editorial se proponían llevar sus
presupuestos de relevancia y espectacularidad a las publicaciones más
clásicas, un movimiento que enseguida se consumaría con el fichaje de
Joss Whedon para escribir
Astonishing X-Men y el salto de Brian Michael Bendis a
Los Vengadores .

Hasta
entonces, el Universo Ultimate había estado orquestado alrededor de
Bendis y de su compañero Mark Millar. A partir de ese momento, ambos
consagrarían sus esfuerzos al Universo Marvel convencional, el primero a
través de la renovación de Los Héroes Más Poderosos de la Tierra, el
segundo con impresionantes etapas en Lobezno y Spiderman.
Bendis amaba
Ultimate Spider-Man por encima de todas las cosas y
mientras estuviera dispuesto a seguir escribiéndola, en Marvel no tenían
inconveniente en que así fuera. El caso de Millar era bien distinto. La
filosofía de la que siempre había presumido es que no permanecería en
ninguna serie más allá de lo estrictamente necesario. Para el escocés,
la medida perfecta era un año de tebeos. En ese margen, daba tiempo a
narrar aventuras tan intensas como espectaculares. Es lo que haría, de
hecho, con el mutante de las garras de adamántium y con el trepamuros.
Pese a que algunas habían señalado las semejanzas entre Millar y Bendis,
eran más destacables sus diferencias. Mientras el primero volaba por
libre, el segundo, quien lo iba a decir del que fuera uno de los mayores
abanderados de la independencia en el cómic, se introduciría hasta la
cocina en el engranaje de La Casa de las Ideas.

Lo sorprendente, por tanto, no fue que Mark Millar abandonara las labores literarias de
Ultimate X-Men
una vez concluido el tercer año de vida de la serie, sino que un culo
inquieto como él tardara tanto en hacerlo. En aquel momento, el título
seguía instalado en unas excelentes cifras de ventas, que todavía
mejoraban más con el lanzamiento de tomos recopilatorios en los más
diversos formatos. Millar recuerda que los ingresos que le llegaban por
los mutantes eran extraordinariamente elevados, pero decidió que era el
momento de dejarlo, por más que todos los que le rodeaban dijeran que
estaba loco y por más que se hubiera encariñado con los personajes. Se
sentía un tanto como Peter Jackson, el director de la trilogía de
El señor de los anillos,
satisfecho por llegar al final pero melancólico por despedirse de sus
compañeros de camino. No es extraño que la última saga recibiera el
título de "El retorno del rey", en claros paralelismos con el último
largometraje de la trilogía de los anillos: la lectura metalingüística
era evidente. Pero "El retorno del rey" hacía alusión también a la
vuelta del primer y esencial villano de La Patrulla-X: Magneto se
disponía a lanzar su órdago definitivo contra la humanidad, algo que
venía cocinándose desde muchos números atrás y que permitiría a Millar
enlazar su historia con todos los grandes temas que había utilizado
hasta ese momento, sin renunciar tampoco a su idea de

que cada arco de
Ultimate X-Men
respondía a la manera en la que él veía las películas de Bryan Singer y
cómo éstas podían dar un paso más allá en el papel impreso.
Todo había empezado como en el cómic original de Stan Lee y Jack Kirby,
con el enfrentamiento dialéctico entre Charles Xavier y Magneto acerca
de la posición de los mutantes con respecto a la humanidad. Estaba el
pacifista Xavier y el terrorista Magneto, y con eso Millar había
compuesto una melodía que, partiendo de un modelo escrito en los años
sesenta, conseguía ofrecer una parábola sobre la época moderna. Como si
de un
blockbuster veraniego se tratara, "La gente del mañana"
finalizaba con una gigantesca explosión de la que cabía inferir la
muerte de Magneto. Sin embargo, al final de "Regreso a Arma-X", el
siguiente volumen de la serie, Xavier reveló que Magneto seguía con vida
y que formaba parte de la siguiente fase de su plan de integración de
los mutantes en la sociedad. El mentor de La Patrulla-X demostraba, como
ocurría en las películas de Singer, una fe inquebrantable en sus
semejantes, incluso en aquellos que se habían demostrado más allá de
toda redención. Y sí, el Magneto desprovisto de sus recuerdos parecía
haber dejado atrás el odio... Pero el espejismo duró tanto como la
amnesia. Recuperada la memoria, el villano volvía a golpear, lo que
llevaría al choque de La Patrulla-X contra los Ultimates en "Ultimate
War", y de ahí a la aventura que nos ocupa, en la que Magneto se lanza a
la dominación global.

El
espectáculo pirotécnico está ahí, trazado con maestría por Millar a
través del gigantesco arte de los dibujantes: Adam Kubert, el artista
con el que arrancara el proyecto, y David Finch, aquél que se quedaría
aquí tras la marcha del escritor. Por encima de los fuegos de artificio,
"El retorno del rey" es la historia de dos amigos que se han
distanciado lo indecible. Al contrario que el Magneto cinematográfico
que luego mostraría
X-Men: Primera generación, que recorre el
camino hacia el lado oscuro como consecuencia de su tragedia vital y
que, aún siendo responsable de la discapacidad de Xavier nunca pretendió
causarla, el Magneto de Millar ha borrado cualquier rasgo de humanidad,
y el momento que marca tal renuncia se produce cuando no sólo vuelve la
espalda a Xavier sino que se decide a eliminarlo. Primero de muchos
intentos: mientras Erik siempre tratará de acabar con su vida, Xavier
siempre tratará de recuperar al amigo que una vez tuvo, y quizás sea su
mayor error porque, como bien intuye el lector, Magneto está más allá de
la redención. Es el villano definitivo de esta Patrulla-X definitiva,
algo que demuestra con cada uno de sus actos, refinadas maneras de
acabar con sus enemigos revestidas de una falsa nobleza.
"El retorno del rey" señala un brillante final a una época irrepetible. A
Ultimate X-Men
todavía le quedarían grandes momentos por ofrecer a los lectores,
algunos de la mano de un Bendis que aceptó caballerosamente sustituir al
que había sido su compañero durante esos trascendentales años. No
obstante, estos mutantes nunca llegarían a brillar tanto, ni La
Patrulla-X nunca sería tan icónica y esencial como cuando Millar guiaba
su destino.
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