RESEÑA THE PUNISHER MAX Nº 04: SIN HOGAR



Punisher Max nº 04: Sin Hogar. 
Autores: Jason Aaron y Steve Dillon 
Editorial Panini 
Pvp: 11,00 Euros. 
Yo odiaba a The Punisher. 
No, en serio, me parecía un personaje violento, con métodos demasiado expeditivos, que no pegaba en un universo de señores vestidos con mallas motivados por la ayuda al prójimo. Era lo que se llamaba un antihéroe, y sus historias me parecían fuera de lugar, herederas al principio del germen Harry el Sucio, y ya después de las pelis de acción de los 80. Pero llegó Garth Ennis, y lo que era un personaje insípido e incluso estúpido (recordemos que antes de cogerlo Ennis, Frank Castle se había suicidado, y lo habían sustituido por una suerte de ángel vengador en unas historias bastante peregrinas) lo transformó en un personaje duro, trágico, y con argumentos fuera de la continuidad del Universo Marvel, dándole un aire más realista. 
Ya no peleaba con supervillanos con alas, acompañado por un sidekick informático, ahora sus enemigos eran la mafia italiana, los tratantes de blancas y los maltratadores de niños. Y esta línea ha sido la que ha mantenido el guionista Jason Aaron en esta serie Punisher Max, deudora de la época Ennis, pero que a bien ha tratado a su particular manera. Manera que al principio me molestó, porque pasó de la continuidad Marvel, esa que te dice que si un personaje ha muerto hace poco, no puedes sacarlo de pronto sin explicar su resurrección.Portada de Punisher Max: Sin Hogar Así cuenta la historia de un Punisher ya cansado y viejo, ganador de mil batallas y con cicatrices tan profundas que marcan su alma. pero como las mejores historias, se cuenta a través de los ojos de sus enemigos, esta vez a través de un Kingpin recién llegado a New York, y del cual veremos su ascenso a las más altas cotas del hampa. 
Lo que puede ser un fallo tremendo (recordemos que Kingpin nació en los tebeos incluso antes que The Punisher) se convierte en una estratagema para ahondar en el corazón de la bestia humana, que justifica cualquier medio para sus fines. También aparece una nueva Elektra, ninja asesina al servicio de La Mano, que creará Frank Miller hace décadas, y que aquí se convierte en piedra angular de la historia. 
Todas las piezas encajan, y Aaron consigue darle una nueva vuelta de tuerca a la motivación del portador de la calavera en el pecho, también saltándose lo que Ennis propuso en su momento, pero con un buen motivo. El remordimiento a veces es más pesado que la mayor de las losas. 
Quería comentar aparte el dibujo, aquí representado en las portadas por un Dave Johnson inspirado, con un grafismo y un diseño brutal, y en los interiores por un Steve Dillon en horas bajas, que hace que nos planteemos un conjunto no tan redondo como debería. Pobre de planos, abusando del americano, o “de cintura para arriba” he visto bajar su nivel progresivamente a lo largo de estos últimos años. Falto de recursos estilísticos, y escasito a la hora de crear fondos, no sabes si los personajes están hablando en una habitación, o en un búnker encima de una tortuga gigante. Una piedra en el camino, que en manos de un Goran Parlov, o un Leandro Fernández, autores que han dibujado al personaje anteriormente, habría conseguido una obra absoluta.


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